Te conocí cuando ni siquiera sabía lo que amar significa,
por aquellos días en que ambos en nuestro mundo de niños,
sólo sabíamos reír por felicidad inventada en la imaginación
o llorar por sufrimientos inexistentes. ¡Qué íbamos a saber
nosotros del dolor! Sólo supe que cuando apareciste tú
el resto del mundo se desvaneció, éramos los dos en una
una sala repleta de tus palabras.
La primera vez que tus labios tocaron los míos,
escapé de este mundo, cerré los ojos y en un viaje
al infinito, te sentí irradiando un calor que derretía
mis miedos, mis dudas, a mí.
Te fuiste, nos fuimos. Tal vez éramos el sueño el uno del otro
y resulta que ya nos despertamos.
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